Un foro en forma de red social que invita al intercambio literario, a conversar sobre libros y literatura
Leer el resto de la entrada »Lo que sucede, lo que se está haciendo, lo que se va a hacer o lo que ya se ha hecho sobre literatura digital o multimedia.
Ese lugar donde perdemos la cabeza y nos dejamos llevar por el poder de las palabras y las moldeamos a nuestro gusto.
La fotografía y el juego con las palabras, los textos, las letras y las imágenes se convierten en protagonistas.
¿Quieres escribir? Este es el espacio para tus textos, para escribirlos, para publicarlos, para darles la vuelta.
Espacio para la literatura audiovisual, porque las letras también son capaces de hilar imágenes en movimiento.
La lectura, esa suerte de liturgia, se ha convertido en los últimos siglos en un acto introspectivo, solitario, de comunión con uno mismo en el que precisamente es uno quien se nutre de lo que las páginas le están regalando. Solemos bajar un libro de la estantería o encender un libro electrónico; en la mayoría de las ocasiones recorremos páginas y páginas a través de la pantalla de nuestro ordenador, sin orden, o tal vez con concierto, pero siempre en silencio, para nos.
Si echamos la vista atrás y recordamos aquellas lecturas dominicales de la Biblia en los salones de las casas más humildes, en las que si había suerte algún pariente estaba asistiendo al seminario y se ofrecía gustoso a leer la palabra de dios; si revisitamos nuestros apuntes del colegio, cuando nos decían que los juglares eran quienes iban de pueblo en pueblo narrando historias, ficticias o no, se nos aparece otra manera de sentir la literatura: una literatura compartida, una literatura social, una literatura del «nosotros».
Bien es cierto que la razón de ser de los Cuentacuentos tenía que ver con el analfabetismo, pero no deja de ser paradójico que los propios libros narren cómo San Agustín se sorprendió al ver a San Ambrosio, por primera vez, leyendo en silencio, recorriendo los pergaminos con la mirada.
Sin embargo, se creó una figura a medio camino entre el leer en comunidad por necesidad, y el enriquecer el conocimiento individual: los clubes de lectura.
Algo tan sencillo como escoger una obra entre varios amigos, plantear una fecha de encuentro y debatir, analizar, paladear los pasajes y las palabras, compartir las sensaciones provocadas y los sentimientos experimentados, extraer fragmentos, sonreír con ellos.
A lo largo del siglo pasado eran muchos los intelectuales que se reunían al calor y al olor de un café o de una copa para celebrar tertulias literarias en cafeterías, que después, en algunos casos, serían recordadas precisamente por ello. Pero Cafés Gijón aparte, los amantes de la lectura, los amantes de a pie, también comenzaron a reunirse para volver a hacer de ese rito en solitario una celebración en comunidad.
Con la llegada de las nuevas tecnologías, se han abierto millones de posibilidades. La red es un nicho de cultura, de información, de arte, que se enriquece exponencialmente cada segundo bajo un halo de eternidad e infinitud sin precedentes. Es por eso que aquí estamos, para hacer de todo esto un puzzle. Para devolverle la inquietud a un San Agustín, pero desde la otra orilla.
Deletrea.me nació con la vocación de ser un rincón para la literatura multimedia, Facebook se ha convertido en un lugar para compartir inquietudes, y Twitter llega a ser, en ocasiones, el lugar perfecto para publicar un cuento de 140 caracteres. Las cosas cambian, la vida crece, las circunstancias varían, pero el amor por un trozo de papel bien escrito –o por un código binario bien logrado- no ha perdido un ápice de su esencia.
Ahora, desde Deletrea, proponemos una nueva ventana de diálogo. Un guiño hacia las obras legadas por la historia que se nos aparecen con un click frente a nosotros. Y agarramos con fuerza las redes sociales, y hacemos de ellas uno de aquellos cafés donde, sin pretender ser unos intelectuales, encontremos un lugar para disfrutar, en común, de todo esto. Nuestro particular homenaje a la literatura, compartiendo emociones desde cualquier rincón del mundo.
El Club de Lectura Deletrea.me será un nexo de unión entre nuestros lectores y todo aquel que quiera unirse para compartir experiencias, opiniones, lecturas, conversaciones o sensaciones, cada uno desde su casa, desde su lugar en el mundo, quizás acompañados por una taza de té o café, pero juntos en este pequeño universo que internet nos habilita. ¿Te animas a pasar una tarde de lectura con nosotros?
El Club de Lectura Deletrea.me comenzará a funcionar en 2012, pero ya existe un espacio en Facebook para el debate, los encuentros y la comunicación entre los participantes. Deletrea.me informará siempre de los libros de lectura seleccionados y las fechas de los encuentros y el moderador aportará material a través del grupo en la nombrada red social para contextualizar al autor y a su obra.
Imagen: Bukowski por Grevel con Licencia Creative Commons.
Popularidad: 14%
Acumulo las palabras en la cuneta, algunas son tan largas que temo que, si no me doy prisa en quitarlas, hagan tropezar a los demás viandantes.
Es posible que el cine no haya transmitido nunca tan bien lo que se siente al abandonar para siempre nuestra mayor pasión. Un relato fantástico lleno de melancolía.
Las redes sociales e internet han propiciado el resurgir de la micropoesía a través del reto de escribir versos en 140 caracteres para poder enviarlos a través de actualizaciones de Twitter o la facilidad con la que se vuelve a ser “poetas anónimos” en internet.
La fuerza de la poesía cubana suavizada por la neutral Suiza. Marisela Frey-Barreras comparte uno de los poemas de su libro publicado en México acompañado por la ilustración de Elizabeth Bello.
En determinadas circunstancias el tiempo es la única medicina para ciertas dolencias, es ese elemento que llega despacio, cubriéndolo todo sin que podamos siquiera darnos cuenta.
El cantautor canario Ardiel Zaya pone música a las letras del escritor Eduardo Galeano utilizando uno de los cuentos que dan forma a ‘El Libro de los abrazos’.
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Cruzar la barrera de los quince años, convertirse en mujer, querer dejar de ser invisible para los hombres en un humilde barrio limeño.