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El abismo (2)

Submitted by on 2 January, 2011 – 10:44 pmOne Comment

Este texto fue compuesto con los tweets escritos por los participantes en El abismo, pero bajo la pluma de Nuria Arenas.

Desapareciste detrás del autobús aquella fría noche de diciembre. Y me quedé contemplando los colores de tu sombra, justo en el momento en que iba a hablar contigo con la excusa de pedirte fuego, agarrada a la mochila donde había metido las ilusiones y los miedos, sin orden. Y se fue el autobús. Y detrás estabais tú y tu sonrisa esperándome. Y me sorprendí perdida en el infinito de tus ojos. «¡Espera!», gritaron.

Tu mano en mi espalda.

-Mira al cielo.

Y en las nubes vimos un oso, una medusa y un koala morado. Un día gris de invierno. Y, de repente, ya era primavera. Y todos los colores parecían mucho más brillantes. Y salieron, no, brotaron. Y lo llenaron todo.

Después vino tu voz, vino tu voz, por la espalda, como un susurro que se desvanecía entre el claxon del autobús y el vocerío de los peatones.

-Brilla.

Y fue una orden. Y supe que volar es fácil con los ojos cerrados. A mí me gustaba subir al tejado con la vecina y pedirle que me enseñara a hacer como ella y poder sobrevolar los tejados del pueblo. Salté en los charcos, hice equilibrios en los bordillos y le guiñé el ojo a las flores del parque.

Cerré los ojos y, sin embargo, sabía que esa noche no iba a dormir.

Entraste en mi cama con miedo en el corazón, latiendo a mil por hora… ¿Cómo pretendías que no quisiera abrazarte? El tacto de tu piel fue siempre tan mágico que me era imposible abrir la boca para negarte la entrada a mi cama. Solo una pasión enferma nos salvaba del abismo. Aun así, nunca estuvimos más cerca, ni tan lejos, como las estrellas a nuestros sueños.

Te besé una vez más después de hacer el amor. Me malacostumbraste. Me dejé. Pero no me di cuenta porque nunca miro hacia el pasado por si me tropiezo. Aunque, antes de todas las cosas, ya estabas tú.

Mañana habría otro autobús. Otro adiós. Jamás supe si fue causalidad o casualidad. Ni necesito saberlo.

En algunos días las nubes recordaban la lluvia del día en el que nos separamos. Me emborraché del recuerdo de tu abrigo negro. Es mejor perderse algo que hacerse daño al tropezar. Los sueños también parecían más grises esos días de lluvia.

¿No lo sientes? La espiral de tu oído suspira en mi regazo. Mataría por volverte a ver y si no te veo, dormiré acunada por el vaivén de tus recuerdos sin más compañía que tu ausencia.

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