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Hipertextualizar historias

Submitted by on 6 September, 2010 – 7:30 amOne Comment

Grifo de letras

Cuando Cortázar escribió Rayuela, probablemente no era consciente de que estaba siendo el precursor de la hipertextualidad. El autor, en la primera edición de libro en el año 1963, fue capaz de ofrecer a sus lectores dos visiones de la misma historia. Una de esas versiones surgía de la lectura tradicional del texto, desde la primera a la última página, y la otra, más madura, tomaba forma gracias a los capítulos “prescindibles” que siempre resultaron ser, en conjunto, un relato mucho más rico de las relaciones entre los protagonistas y de sus intereses personales.

Hay quien incluso asegura que obras anteriores como El Quijote de Cervantes o Así habló Zaratustra de Nietzsche e incluso más antiguas como el I-Ching, antiguo tratado oracular taoísta, o la technopaegnia de la Grecia clásica y los caligramas son ejemplos reales de literatura multilineal.

Durante más de treinta años, los intentos por imitar esa literatura “hipertextual” -o literatura mosaico- se han repetido constantemente. De la idea de aquellos primeros capítulos “prescindibles” surgirían incluso historias para niños que ofrecían la posibilidad al lector de decidir qué camino debería tomar el protagonista al salir de su casa o ante un dilema importante. Y no serían los únicos, el cine también acogería esta idea en películas como Ocho y Medio de Fellini, por citar alguna.

Aquellas propuestas, algunas brillantes, no eran sino un equivalente rudimentario de lo que ahora podemos hacer con internet y en un futuro, a cada vez más corto plazo, con la mejora de los libros electrónicos.

La literatura “hipertextual” simula con mayor acierto la construcción del conocimiento humano que actúa por libre asociación, y decide en cada momento y situación hacia dónde dirigirse según sus intereses personales.

Si Cortázar hubiese tenido entonces lo que nos ofrece internet y la posibilidad de multiplicar su creatividad y su imaginación en tantísimos niveles, en tantísimos planos literarios, en tantos y tantos finales posibles y versiones de una misma obra, quizás se sorprendería. Si supiera que esa misma obra podría seguir creciendo durante años a través de nuevos caminos gracias a la versatilidad del hipertexto y la ductilidad de los textos en internet -se acabó la idea de que lo que está publicado queda así para la eternidad-, quizás se sorprendería, pero quizás y muy probablemente nos diría: era el siguiente paso.

Cada innovación tecnológica en el sector editorial o literario ha supuesto un cambio drástico del sistema, de los textos y de los lectores. En primer lugar fue el paso desde la piedra al papel, luego de la pluma a la imprenta que se multiplicó con la invención de las máquinas de escribir primero y de los ordenadores después.

La literatura pasó a su vez de lo oral a lo escrito, de lo efímero a lo perdurable, de la copia única y elitista a la reproducción masiva, y ahora no le queda otro remedio que evolucionar del texto cerrado y definitivo a un sistema abierto, moldeable, configurable, flexible, en el que el lector más que nunca antes se sienta parte importante y adquiera un papel protagonista y decisivo en la experiencia de lectura.

Los romanticismos que pretenden anclar la literatura no perdurarán. El carácter artístico de los discursos creados con estas nuevas tecnologías no es una cosa del futuro, ya está aquí y está para quedarse.

“Reflexionaba sobre el tema de mis actividades literarias de los ratos de ocio. Que un libro tuviese un principio y un final era una cosa con la que yo no estaba de acuerdo. Un buen libro puede tener tres aperturas completamente distintas e interrelacionadas tan sólo por la presciencia del autor, o en realidad cien veces otro tanto de finales”.

En nadar dos pájaros de Flann O’Brien

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Elisabeth Bello

Desde el imaginario que agota las percepciones e ideas, le surge la necesidad infinita de plantear nuevos mundos y de agotar la esencia de todas las preguntas sin respuesta, en DeLetrea.me sigue intentando enlazar interrogantes.    –     Elisabeth B.

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Un comentario »

  • javi says:

    Precisamente en estos momentos estoy sumergido en la lectura, comprensión y deglución de “Rayuela”. Si Cortázar hubiera conocido las posibilidades del hipertexto internetiano probablemente habría acabado perdiendo el juicio de manera definitiva.

    By the way, enhorabuena por la criatura, tiene muy buena pinta, así que un servidor piensa regresar por aquí asiduamente. ¡Mucha suerte!

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