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Princesita del cono

Submitted by on 27 June, 2011 – 7:59 amOne Comment

Perú - Lima

Ella siempre había soñado con cumplir quince años. Anhelaba ese momento desde que, en la televisión de la vecina Amelia, vio a una esbelta joven del barrio limeño de La Molina descender del cielo vestida de princesa, con zapatos plateados de tacón fino y diadema de brillantes con recogido y maquillaje a juego. En la entrevista que le hacían, la chibola lucía regia y sus amigas la aplaudían a cada rato, porque se trataba de una ocasión muy pero que muy especial.

En su barrio, en Carabayllo, los quinceañeros no tenían tanto glamour. Ella había asistido a muchas de esas fiestas en las que solo se escuchaba música chicha y la gente cuchicheaba sentada en sillas de plásticos, a la espera de que pasaran las horas y las luces de colores. El sudor y el polvo hacían una mezcla explosiva que obligaba a los invitados a salir afuera, a respirar el vacío de las calles sin asfaltar y a regresar a sus casas a tientas.

Esa noche se había ido a acostar nerviosa. Sus padres le habían prometido cumplir su deseo, cualquiera que fuera, y andaba divagando sobre el regalo perfecto. Aquello con lo que impresionar a sus amigas… Durante semanas había espiado a las más mayores. Se parecían mucho a ella, solo que tenían algo que, inexplicablemente, atraía las miradas de los jóvenes. No se atrevía a preguntar qué era por miedo a pecar de ingenua, pero se mantuvo atenta a cualquier comentario que la pusiera sobre la pista. «Ay, mamacita, qué rica». «Ven, que te como de un bocado». «No sabes lo que he estado soñando contigo».

Soñando… Se acercaba el día y había que dar una respuesta a unos padres dispuestos a gastarse el último solcito por ver feliz a su hija, que en poco más de un instante pasaría de ser niña a mujer. Sus amigas ya habían empezado a sugerirle regalos, a idear su cuento de hadas, a escoger modelito. Ella estaba, como quien dice, en bragas y se peleaba consigo misma por su indecisión, por su falta de iniciativa, por todo. El vecindario entero le preguntaba y ella se quedaba tartamudeando, sobrepasada por la situación. Se encerraba en su habitación y observaba las revistas de moda que su madre traía a la peluquería, memorizaba los nombres de las modelos que aparecían fugazmente en los programas de la farándula y consultaba sus vidas en el locutorio, para saber cómo es que llegaban a un plató entre piropos y con los mismos se despedían.

Entonces se le apareció la imagen de la superquinceañera. Ella se desvestía de sus tules y se metía en la cama, acurrucada como un ovillo. Se paseaba la mano por entre las piernas y se tocaba los senos con sutileza sí, pero también con determinación. Si aquella se sentía mujer con quince años, ¿por qué ella no podía hacer lo mismo? Tenía un nudo en la garganta que le impedía hablar con claridad frente al espejo y se quedaba horas y horas escrutándose de arriba abajo sin convicción. Nunca pensó lo difícil que era hacerse mayor, carajo. Dejó de comer dulces, empezó a pintarse los labios, se depiló hasta donde sabía que podía e intentaba a toda costa llegar tarde a casa. Nadie parecía enterarse de su transmutación y eso la irritaba todavía más. Pensó en teñirse el pelo de azul, en chapar con el primero que asomase la cabeza, y hasta en gritar lisuras solo para llamar la atención. Al final, se decantó por lo más simple y efectivo. Se dirigió a sus padres con el pedido escrito en papel de cocina. «Aumento de pechos», ponía. Qué sabía ella de siliconas, plásticos y otras sustancias inflamables. Con eso y un escotazo nomás, tendría el éxito asegurado.

Palabrejas

Cono: suburbio de Lima.

La Molina: actualmente, uno de los barrios ricos de Lima, situado a las afueras.

Chibola: niña

Regia: guapa, estupenda, divina.

Música chicha: variante peruana de la cumbia.

Solcito: diminutivo de sol, moneda nacional peruana.

Carajo: interjección para expresar disgusto, según la RAE. Físicamente, miembro viril. En español suena como el más elemental «coño».

Chapar: besarse.

Lisuras: palabrotas.

Nomás: solamente.

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Belén Delgado

Por intentar escribir cuentos le salió la vena de cronista. Periodista de la actualidad política peruana, sigue con pasión lo que ocurre en cada horizonte. Su pasado como corresponsal y su futuro incierto le dan sed de noticias, entrevistas y reportajes. Práctica y lógica, también tiene predisposición a las locuras y los golpes de suerte.

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