Informa.me

Lo que sucede, lo que se está haciendo, lo que se va a hacer o lo que ya se ha hecho sobre literatura digital o multimedia.

Mundo Deletrea.me

Ese lugar donde perdemos la cabeza y nos dejamos llevar por el poder de las palabras y las moldeamos a nuestro gusto.

Imagina.me

La fotografía y el juego con las palabras, los textos, las letras y las imágenes se convierten en protagonistas.

DeLetrea.te

¿Quieres escribir? Este es el espacio para tus textos, para escribirlos, para publicarlos, para darles la vuelta.

Visualiza.te

Espacio para la literatura audiovisual, porque las letras también son capaces de hilar imágenes en movimiento.

Home » Psicoayuda.me

Tú, yo y Sthendal

Submitted by on 6 September, 2010 – 7:26 amOne Comment

Trece de noviembre. Ese día procuré pisar primero con el pie derecho al levantarme de la cama. No soy supersticiosa, pero tampoco hay que tentar a la suerte. Llegué al despacho media hora antes de mi primera cita con mi primer paciente, ya que tenía que prepararlo todo. Me refiero a abrir las cortinas, airear la consulta, colocar el ficus que había comprado en el mercadillo el fin de semana… Ya estaba lista y todavía quedaban diez minutos para que llegara Christian Suárez.

Me había pedido la cita por teléfono. Por su voz no parecía demasiado angustiado, más bien algo ansioso, supongo que por superar su problema.

Oí el timbre y abrí sin preguntar. Me dio los buenos días, y yo le dije que pasara y se sentara.

– Buenos días, Christian. A ver, cuéntame qué es lo que te ocurre.

– Muy bien, Doctora. En realidad no se qué es lo que me pasa, no sabría explicárselo. La verdad es que lo único que sé es que me han pasado algunas cosas que no son muy normales.

Ufff, qué será, será. A veces me gusta intentar averiguar qué les pasa antes de que me lo cuenten, aunque definitivamente casi nunca acierto; y no es precisamente porque me falten recursos perceptivos, sino más bien porque soy una especie de imán para los casos extraños, ¡qué digo extraños!, extrañísimos. Aun así, yo digo que es algún tipo de disfunción sexual, tiene cara de estarlo pasando realmente mal.

– Está bien, Christian. Empecemos por el principio. Descríbeme con tus palabras qué son esas cosas que te pasan y cómo te sientes tú cuando te ocurren.

– Pues es que a mí me encanta viajar, ver mundo, y todo pasó en uno de mis viajes.

Está claro: conoció a alguien y, bueno, la cosa no le funcionó. Bien, esta vez acerté.

– Vale, y dime: ¿qué te sucedió?

– Bueno, yo había llegado ese día a Florencia. Me encanta Italia porque adoro el arte y siempre había querido visitar Florencia, cuna del arte renacentista.

¡Dios!, para este caso voy a tener que desempolvar mis libros de historia del arte o no voy a poder seguirle. De todos modos, asentí con la cabeza. No quiero que sepa que no tengo ni idea de qué me está hablando.

– Lo primero que hice fue visitar la galería de los Uffizi. Estaba entusiasmado con la idea de ver todas aquellas maravillosas pinturas, aunque buscaba una en especial: La Primavera de Botticelli. Cuando por fin la vi, empezó todo: el corazón me latía a mil por hora y, de repente, me mareé, sentí que me iba a desmayar, que las piernas no me respondían, y entonces supe que estaba allí, dentro de aquel cuadro; y sentí que era lo más bello que había visto nunca. Y cuando digo que supe que estaba en el cuadro, me refiero a que pude oler las flores y notar el calor del sol en mi piel.

Definitivamente no acerté. Otro fallo estrepitoso de mi más que dudosa capacidad de percepción. Debería dedicarme a otra cosa, que sé yo, a algo así como fabricar cajas o alguna otra cosa que no requiera entender a las personas.

– De acuerdo, Christian, no te preocupes. Lo que te ocurrió no es muy habitual, pero le ha pasado a más de una persona. Te diré que incluso hay un síndrome que lo describe. Se llama síndrome de Sthendal y tiene que ver con una serie de síntomas como los que tú has descrito que suceden cuando alguien está contemplando una obra de arte o un espacio de la naturaleza que resulta muy bello o impresionante.

– ¿En serio?, ¿entonces no estoy chiflado? Después de lo que me pasó no he podido volver a visitar ningún museo ni ninguna estructura arquitectónica por miedo a que me diera un rollo de esos y me tirara de lo alto de alguna torre pensando que podía volar o algo así.

Al menos se lo toma con humor, o eso creo. Espero que no lo esté diciendo en serio. No, no, seguro que está bromeando. Dios, creo que lo está diciendo completamente en serio. Confío en que no le dé por tirarse de ningún sitio después de venir a mi consulta o tendré que dejar la psicología para siempre.

– No te preocupes, Christian. No vas a hacer nada parecido…

Después de otra media hora de conversación, logré ofrecerle un remedio para su problema, animándolo, a través de distintas frases que debía repetir mientras observaba las obras de arte, a que entendiera su valor sin tener que salir de la realidad para hacerlo.

Dos semanas después, Christian volvió a mi consulta para que pudiéramos comprobar si mi infalible tratamiento había mejorado su vida. Desde su primera frase comprendí que yo sí que me había alejado de la realidad.

– Doctora, le doy las gracias. Desde que vine estoy mucho mejor. El otro día mismo estuve en el museo y definitivamente me pareció todo espantoso, horrible, una absoluta basura y no me mareé ni mucho menos. Más bien me entraron náuseas al ver aquel desastre. Odio la pintura, la escultura y todo lo que tenga que ver con el arte. Gracias a usted, Doctora, no volveré a pisar un museo jamás.

¡Noooooo, horror!, ¿por qué no ha funcionado? No lo entiendo, era perfecto, ¿o quizás no?

Popularidad: 3%

Un comentario »

Leave a comment!

Añada su comentario debajo, o trackback desde su página. You can also Suscribirse a los comentarios via RSS.

Sea agradable. Aténgase al tema y no nos deje spam.

Esta página permite la utilización de Gravatar. Para conseguir un avatar reconocible globalmente, por favor regístrese en Gravatar.