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Un gran poder conlleva una gran responsabilidad

Submitted by on 1 November, 2010 – 4:23 pm2 Comments

Veintiocho de diciembre. Lo que ayer era una simple intuición hoy se ha convertido en una realidad cristalina: “tengo gripe”. Ojos llorosos, dolor muscular intenso y la cabeza me va a estallar; definitivamente tendré que llamar a mis pacientes para anular sus citas de hoy. Así que, después de unas cuantas llamadas, me preparo un zumo de naranja y un café, y me siento a leer el periódico. Empiezo por detrás, como siempre, y cuando llego a las páginas de sucesos lo veo, con una foto enorme y un texto que ocupa prácticamente toda la página. No me lo podía creer.

Roberto vino a mi consulta por primera vez a mediados de abril, con la primavera. Pensándolo bien, él era un poco así, cálido, tranquilo, con una voz tan suave que casi parecía un susurro. Cuando lo vi, hice lo que hacía siempre: tratar de averiguar qué horrible mal había arrastrado a ese pobre hombre hasta el despacho de una loquera. Así que lo observé unos segundos y concluí, sin ninguna duda, que se trataba de un trastorno relacionado con el apego, también conocido como “mamitis”. Lo noté en sus ojos de cachorrito, en su ropa algo pasada de moda y en la riñonera, en la que seguramente escondía un móvil que permitía que estuviera siempre localizado.

-Buenas tardes, Roberto. Dime, ¿en qué puedo ayudarte?

-Buenas tardes, doctora. Mmme sssiento un poco raro.

-¿Y eso por qué?

-Nnno sé, supongo que es ppporque me cuesta hablar con las personas, y essttá claro que ccconn usted voy a tener que hablar.

Su tartamudeo se hacía cada vez más evidente, así que intenté relajar el ambiente hablándole de algo que no tuviera que ver con su problema.

-A ver, empecemos por el principio, ¿cuál es tu película favorita?

Roberto se quedó sorprendido por mi pregunta. Sin embargo, tras un ligero titubeo, contestó que le encantaba la saga de Superman.
Poco a poco, comenzó a hablarme de su devoción por este personaje hasta que, casi sin darse cuenta, dejó de tartamudear. Así que, sutilmente, aproveché ese momento para seguir con la consulta.

-Bueno, Roberto, entonces decíamos que te cuesta relacionarte con la gente, hablar con las personas, ¿no es así?

-Sí, doctora. El otro día salí a comprar el pan y de camino a la dulcería me encontré con una vecina que me preguntaba insistentemente por mi madre. Yo la miré e intenté responder, pero no podía articular palabra alguna, así que tuve que salir corriendo.

Cuando por fin entiendo que mi paciente tiene un fuerte sentimiento de inferioridad y un gran problema de autoestima, decido poner en práctica una técnica que aprendí el primer año de universidad. No es una técnica muy innovadora, aunque sí muy poco practicada debido a su extravagancia.

Le comento a Roberto que, cuando sienta esa necesidad de huir de las situaciones en las que tenga que interactuar con otras personas, conocidas o desconocidas, recurra a un pensamiento que le ayude a sobreponerse al miedo, a la tensión. Le pido que recuerde a Superman cuando es simplemente Clark Kent y cómo, cuando es necesario, se transforma en un superhéroe, acumulando toda su energía y su fuerza. Le digo que él puede hacer lo mismo y crear un personaje que lo ayude a enfrentarse a esos momentos. Sin duda esto funcionará con Roberto, le dará una mayor autoestima y conseguirá que lo supere enseguida. Ya está. Problema resuelto. Ojalá todos mis casos fueran tan fáciles.

Ese día salí de la consulta sabiendo que había cambiado el destino de Roberto. Había transformado una vida de mediocridad en una posibilidad de superación, de mejorar, de crecer, de cambiar para siempre. Casi me sentía como si tuviera superpoderes.

Jamás hubiera imaginado lo que finalmente ocurrió.

Noticia publicada en el periódico el 28 de diciembre:

“La policía detiene a un joven que corría por el parque con una capa. El hombre, de mediana edad, trepó por los árboles, saltando desde grandes alturas y ofreciéndole a las personas sus servicios como superhéroe. Tras su detención, R. H. pidió disculpas y justificó el acto afirmando que tenía poderes sobrenaturales”.

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